Más Dickinson

1233

 

Si no hubiera visto el sol

sobrellevar la sombra podría

pero la luz un nuevo desierto

mi desierto me dio―

 

 

739

Muchas veces pensé que la paz había llegado

cuando la paz estaba muy lejos―

como los náufragos ― creen que ven la tierra ―

en el centro del mar ―

 

y luchan más débilmente ― sólo para probar

tan desahuciadamente como yo ―

cuantas ficticias costas ―

antes del puerto hay ―

 

Emily Dickinson, Poemas, trad. Por Silvina Ocampo, TUSQUETS editores, Buenos Aires, 2006.

 

35

Nobody knows this little Rose ―

It might a pilgrim be

Did I not take it from the ways

And lift it up to thee.

Only a Bee will miss it ―
Only a Butterfly,
Hastening from far journey ―
On its breast to lie ―
Only a Bird will wonder ―
Only a Breeze will sigh ―
Ah Little Rose ― how easy
For such as thee to die!

 

Nadie conoce esta pequeña Rosa ―

Podría ser un peregrino

De no haberla cogido del sendero

Y habértela ofrecido

Sólo una Abeja te echará de menos ―

Sólo una Mariposa,

Precipitándose tras un lejano viaje ―

A yacer en su pecho ―

Sólo un Pájaro se preguntará ―

Sólo suspirará una Brisa ―

¡Ah, Pequeña Rosa ― qué fácil

Para alguien como tú morir!

 

Emily Dickinson, Poemas, trad. De Margarita Ardanaz, Ed. Cátedra, Madrid, 2004.

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De lo gris

Hace poco leí un hermosísimo libro de Beatriz Vignoli, y quería compartir algunos poemas:

 

Plegaria

 

No me dejes creer.

Déjame amar.

Abre en el mundo

la herida que me abrigue.

 

***

 

Tarde llego ante los ojos

 

Con un cuerpo que era de la primavera,

dorado en olas de salvaje inconsciencia o paraíso,

recaigo en templos gravitacionales, en ortopedias áureas,

en la pregunta marina sobre cómo y cónde hallar rasos y sedas

que cuiden el amor cuando todo lo que queda es la espera.

Tarde llego ante los ojos de un guerrero que es mejor que mi padre,

tarde y sin nada que mostrarle más que hechizos y ensalmos.

Soy Darth Vader de mí, soy mis máscaras que se pegan al hueso,

un saber amatorio vuelto inútil por desgaste del kit experimental,

puedo hablar del futuro todavía en aritméticas balísticas del aire,

en trazos de donde me ausento y se aferra la sed a lo que quede de vos.

 

***

 

La muerte y la doncella

 

Lo único que soportábamos hacer esta prohibido:

no hay comida en el mundo que te guste.

Sedas del peligro, bahía minada de tu sonrisa,

mejor no salvar nada del naufragio.

Que la ruina absoluta testimonie.

Caer bajo tu nombre como si fueras la noche

y no una ausencia en fuga, no estas cartas

grabadas a fuego en el vacío. Quedan marcas en la nada.

Heridos por el sueño hemos vivido. Intactos moriremos.

Fosforecencias de lo muerto nos envía el futuro.

Qué esperabas en la selva. Qué obtendrías del tiempo.

Golpean. No abras la puerta. No hay nadie ahí.

 

***

 

El viento es inocente

 

Como granizo caen tus pasos alejándose

mientras sueño con detectores de metales.

En el sueño no se podían mostrar las armas.

Ajusto el zoom de la espera a lo posible

y desenfoco el mundo.

Una pregunta lo destruiría todo.

 

El viento es inocente

de todo lo que arrasa.

 

 

***

 

Termotanque

1.

¿Acaso alguna vez hubo mundo?

¿Qué envés de un crimen es este amor de páramo,

esta mano sola que te aplaude?

Piadosas niebla y nieve, vengan, velen

los cráteres del odio;

somos lo que nos dieron,

somos los restos vivos del amor.

Soy extranjera en casa.

Todo lo que hice fue conservar la herencia,

recordar la buena suerte.

Todavía comemos de la misericordia;

vivimos ordenando fragmentos de lo que se deshace.

El fuego recuerda la música.

Los pobres levantan el muerto.

Los tontos nos ponemos a pensar.

¿Adónde hay que rendirse?

 

2.

Vamos a esperar que pare el viento,

que cese de hendir el aire su blanda velocidad.

Porque si todo el aire es viento,

si el paisaje no para,

¿cómo fingirá quedarse quieto el tiempo,

hacer como que no pasa?

Viento es el nombre del espacio vuelto tiempo

en la tarde en que una rasa brevedad

viene del fondo,

una merced del aire.

Y si el viento deseara soplar,

ero seríamos:

aire que va

porque quiere, y no

porque no puede no,

no como el aljibe olvidado del corazón,

mudo hasta que se rompe.

 

 

3.

Nostalgia de la esperanza,

no culpes más al mundo.

Todo lo que está vivo es más joven que nosotros.

Mientras hubo palabras sostuvimos el tiempo;

ahora hemos quedado al otro lado de todo,

en el envés del mundo que es esta sepultura

como una gran tiniebla donde enciendo

esta ínfima brasa que parece tus ojos

y cuido con la mano aunque el mínimo fuego

deveore todo el aire.

Falta presión al gas, nada arde bien,

algo obstruido, algo sucio, a lo mejor

falte amor en las entrañas de la tierra.

Ha caído el imperio de las cosas.

Es una democracia de ceniceros robados.

Después de la bondad amarilla de los tilos,

tras la amabilidad navegable del viento,

en la costa tus números aúllan:

¿Era tejido el día con lana de colores?

¿Alguna buena huella me sostiene

para luego de mí?

 

Magenta era, cavado

en un bolsón de bosque como si con manos

sucias de dinamitarles catedrales

pudiéramos sentarnos a vivir.

No eran los días próximos;

eran días futuros.

Nos suavizaba el aire el porvenir.

Y el café era el alimento negro,

sabroso, del pensamiento.

 

Un baño del bebé, acontecimientos

que la madre recuerda:

 

Las cosas de la casa son amables

para quien no odie la forma que ha tomado

su propia vida, enfermas 

de lo que falta…

 

El baño del bebé

en la memoria rota del termotanque.

 

 

4.

Nos salvará que nazca lo que no tiene precio.

Lo nacido brilla en la tiniebla,

estrella de perdón para nosotros:

nosotros, en la zona de la matanza,

nosotros que habitamos la zona de aniquilación

cantamos lo nacido. No hay compasión aquí.

Pero lo nacido nos bendice

en su natividad animal. Adoración

del cachorro de oro, del tesoro

que es un sol en la noche:

precious, my precious. Anillo que nos une

a lo bendito. Panza de lo nacido,

respira.

 

Beatriz Vignoli, Lo gris en el canto de las hojas (Poemas), Baltasara Editora, Rosario, Pcia. de Santa Fe, Argentina, 2014.

Escritora. Publica sus poemas desde 1979. En 1991, comenzó a colaborar en la sección Cultura de Rosario/12, donde actualmente es crítica de Plástica y Literatura. Una reseña suya publicada en Rosario/12 el martes 21 de agosto de 2007 obtuvo en 2009 el premio Blanca Stabile de la Asociación Argentina de Críticos de Arte. Ha colaborado además en el diario The Buenos Aires Herald, el suplemento Grandes Líneas del diario El Ciudadano y las revistas Expreso Imaginario, Diario de Poesía, Hablar de Poesía, trespuntos, Fénix y MOR. Tres de sus novelas se publicaron por capítulos en la sección Contratapa de Rosario/12: “DAF”, “Molinari Baila” y “El Bote”. Las dos primeras fueron publicadas luego como libro, al igual que “Nadie sabe adónde va la noche”, “Es imposible pero podría mentirte” y “Reality”, con la que ganó un segundo premio en la edición 2004 del concurso municipal Manuel Musto. En poesía publicó los libros “Almagro”, “Viernes”, “Bengala” y “Lo gris en el canto de las hojas”. También escribió el libro de crónica barrial “Kozmik Tango”, sobre el cual co-produjo un cortometraje con Mala Frame y la Dirección de Educación de Rosario. Es curadora independiente de artes plásticas y traductora de inglés.

Extraído de https://www.pagina12.com.ar/autores/640-beatriz-vignoli donde publica semanalmente.

Entrevista interesante para conocer más sobre ella: https://www.lanacion.com.ar/2031755-beatriz-vignoli-al-escribir-un-poema-busco-expresar-algo-ya-no-explorar-formas
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Entre la quietud y las calles. Poemas de Roberto Raschella

Ya ves.

Te dije último:

o se cambia o se muere.

Pero cada cosa es lo que es.

.

El enemigo de la danza.

El monje que prepara muerte.

El pobrecito de los mataderos.

El privilegio de malser.

El zapatero másculo.

La tarde, miniada, decadente.

.

Ya ves.

Los hechos caminan ligeros,

.

y en la absurda pureza de los sacrificios,

en el temor de todo hombre,

el odio estancado deviene piedad.

.

Ya ves.

La urgencia de amar

nos ha vuelto infectos

de un mal casi humano,

.

el mal que es bien,

como la rosa de venganza

en los tumultos. Ya ves:

.

cada cosa es lo que es,

y no hay escampo.

.

 

.

Ah, la impiedad de conocí:

cansado de la oscura ofensa,

cansado de todo juicio,

buscando siempre

cristos y anticristos.

.

¿Qué más puedo amar ahora?

El azul de las agonías,

El fantasma entre las ruecas,

El cuello de los vagabundos afachados,

Las místicas ojeras del amanecer,

No sé.

.

Sólo sé lo acabado, sólo sé

cuándo empezó la historia,

.

en los huesos de padre levantados

que golpeaban el antiguo sentimiento.

.

 

.

Niña que dice no,

niña de los pies pequeños:

una mueca

de temprana violencia

ya gastó tus mejillas,

como una hebra apenas tejida.

.

¿Dónde está tu sonrisa

que exhalaba quietud?

.

¿Dónde están

las vísceras de tus hermanos?

Tan negras también,

como los murales exterminados;

de agua estremecida y sutil,

de cerebros y brazos de piedra

sobre la piedra muerta, tan negras

como la extranjera noche

y el pueblo vivido en las orillas.

.

Mira el mundo ahora, mira,

mundo escarnecido,

tumba de palabras y de cosas,

.

Mira la ciudad rota por los aceites,

la ciudad que fue

voladero de palomas y dulzura artesana,

la ciudad que lava copas

por la mujer y el hijo.

.

Mira también la alegría

de los amigos, el escorzo

galopado de follajes

y de luces. Mira la miseria

nueva, la vergüenza de soledad.

.

Mira a los jóvenes, ornados

de blanco, frágiles, monstruosos,

devorando el rocío

.

en la tímida hierba de agosto.

.

Roberto Raschella, de Tímida hierba de agosto (2001) en La casa encontrada. Poesía reunida 1979-2010, Fondo de Cultura Económica, Bs.As., 2011.

Foto: Cerchiara di Calabria, 1974; F. Silvestro Barbato, Flickr CC.

Roberto Raschella (Buenos Aires, 1930).
Es maestro, escritor, poeta, ensayista y crítico de cine. A partir de 1959, y durante más de treinta años, fue maestro de educación elemental, tarea que compartió con la escritura de poesía, novelas, guiones y crítica de cine.
Ha traducido, entre muchas otras, obras de Dante Alighieri, Nicolás Maquiavelo, Luigi Pirandello, Pier Paolo Passolini, Italo Svevo y Gabriele D’Annunzio. Ha colaborado en diversas revistas de cine, como Cinema Nuovo, Cinecrítica, Tiempo de cine y Lyra, y en revistas culturales y literarias, como Innombrable, La ballena blanca y El jabalí. En 1999, recibió el premio Boris Vian y, en 2004, el segundo Premio Nacional de Novela, otorgado por la Secretaría de Cultura de la Nación, ambos por la novela Si hubiéramos vivido aquí. En 2005 obtuvo la beca Guggenheim.
Es autor de las novelas Diálogos en los patios rojos (1994), Si hubiéramos vivido aquí (1997) y La historia que nunca les conté (junto a Mariano Fiszman, 2005), y de los libros de poesía Malditos los gallos (1979), Poemas del exterminio (1988) y Tímida hierba de agosto (2001), reunidos en el volumen que FCE ha editado junto al libro, hasta ahora inédito, La casa encontrada (2011).
Fondo de Cultura Económica ha editado La casa encontrada. Poesía reunida, 1979-2010 (2011).

Extraído de: https://www.fce.com.ar/ar/autores/autor_detalle.aspx?idAutor=2702

Árboles, durezas y mujeres

Las últimas palabras de mi abuela inglesa

 

Había  algunos platos sucios

y un vaso de leche a su lado

sobre una mesilla junto a la cama

enmarañada y apestosa…

 

Acurrucada y casi ciega

yacía y roncaba-

despabilándose con un tono de voz disgustado

para pedir a gritos la comida:

 

¡Dame algo de comer!”,

“Dejeme que la lleve

al hospital -le dije-

y cuando se encuentre bien

 

podrá usted hace lo que le plazca.”

Me sonrió. “Vale,

primero haz tú lo que te plazca

y después podré hacer yo lo que me plazca a mí…”

 

“¡Ay, ay, ay!”, gimoteó

cuando los hombres de la ambulancia

la pusieron en la camilla:

” ¿Y a esto lo llamáis

 

ponerme cómoda?”

A esas, alturas su mente estaba despejada:

“Ah, os creiés muy listos

vosotros los jóvenes

 

-dijo- pero yo os digo

que no sabéis nada de nada”.

Entonces arrancamos.

Durante el trayecto

 

pasamos a lo largo de una hilera

de olmos. Estuvo mirándolos un rato

por la ventana de la ambulancia

y dijo:

 

“¿Qué son todas esas cosas ahí fuera

cubiertas como de pelusilla?

¿Árboles? Bueno, ya estoy

harta de ellos”, y giró la cabeza.

 

 

William Carlos Williams, 1921. Fuente: Wikimedia Commons
William Carlos Williams, 1921. Fuente: Wikimedia Commons.

 

 

Retrato proletariado

Una mujer joven y alta sin sombrero

en delantal

 

El pelo recogido parada

en la calle

 

Un pie enfundado en una media

que roza la acera

 

El zapato en la mano. Observa

atentamente el interior

 

Saca la plantilla de papel

para encontrar el clavo

 

Que ha estado haciendole daño

 

 

Fuente: Wikimedia Commons
Fuente: Wikimedia Commons

 

Las peonías robadas

Lo que me daban las mujeres

era difícil decirlo

Flossie

 

tú no

tú viviste conmigo

muchos años recuerda

 

el año en que tuvimos

aquel magnífico tiesto

de peonías

 

qué contentos estábamos

los dos con ellas

pero una noche

 

nos las robaron

compartimos la pérdida

ninguno pudo pensar

 

en nada más

durante todo un día

nada podría

 

habernos unido tanto

llevábamos

casados diez años

 
William Carlos Williams, (trad.J.M. López Merino) Antología bilingûe, Alianza Editorial, Madrid, 2009.

William Carlos Williams, (1883-1963) poeta estadounidense. Para conocer más sobre su obra leer el blog de Sandra Toro o el de Jorge Aulicino, como también el artículo en Buenos Aires Poetry y en Eterna Cadencia.

 

 

 

Paterson

Ayer tuve la oportunidad de ver el hermoso film de Jim Jarmush Paterson. Les dejo una secuencia de los poemas de Ron Padgett incluidos en el film.

 

Love Poem

We have plenty of matches in our house
We keep them on hand always
Currently our favourite brand
Is Ohio Blue Tip
Though we used to prefer Diamond Brand
That was before we discovered
Ohio Blue Tip matches
They are excellently packaged
Sturdy little boxes
With dark and light blue and white labels
With words lettered
In the shape of a megaphone
As if to say even louder to the world
Here is the most beautiful match in the world
It’s one-and-a-half-inch soft pine stem
Capped by a grainy dark purple head
So sober and furious and stubbornly ready
To burst into flame
Lighting, perhaps the cigarette of the woman you love
For the first time
And it was never really the same after that

All this will we give you
That is what you gave me
I become the cigarette and you the match
Or I the match and you the cigarette
Blazing with kisses that smoulder towards heaven

 

Another One

When you’re a child you learn there are three dimensions
Height, width and depth
Like a shoebox
Then later you hear there’s a fourth dimension
Time
Hmm
Then some say there can be five, six, seven…

I knock off work
Have a beer at the bar
I look down at the glass and feel glad

 

Poem

I’m in the house
It’s nice out
Warm
Sun on cold snow
First day of spring
Or last day of winter

My legs run up the stairs
And out the door
My top half here writing

De: https://poetryschool.com/poems/poems-film-paterson/

Encontré una charla en el marco del ciclo Poetry Off the Shelf, donde el poeta lee los poemas de la película y conversa sobre su proceso de creación. Para escuchar el audio hacer clic acá.

los cosacos y Temperley

Vengo de comulgar y estoy en en éxtasis

aunque comulgué con los cosacos

sentados a una mesa bajo el cielo

 

y los eucaliptus que con ellos

se cimbran  estos días bochornosos

 

en que camino hasta las areneras

del sur de la ciudad

-el vizcaíno,

santa adela,

la elisa-

 

(a la sombra hay un loco, y hay un árbol

muy alto

y alguien dice “cristo en rusia”)

 

e insolado hablo al yo que está en su orilla,

ansío su aventura

en otro hombre,

 

y a la hora en que no sé si tuve esclava,

si busco a dios,

si quiero ser o serme,

 

si fui vendido a tierra o si amo poco,

 

 

sé que Él quiere venir pero no puede

cruzar -si no lo robo como a un banco

pesado de galote-

esa balanza

 

que es tanta hacia ambos lados

atracando mis puertas:

 

la abierta, marginal, no interrumpida

matriz sin cabecera

donde gateó la vida,

 

donde algunos gatean

 

y su alma sólo traga lo mismo que el mar traga:

 

aletas, playas solas e iguales, hombres débiles

 

y una pared espesa

de cetáceo y de fábrica.

 

Héctor Viel Temperley, Crawl, Obra Completa, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2013.

 

“El que Es Sin defecto y Grande” –

Via Lucis 

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El que Es Sin defecto y Grande

me habló a mí, que soy pequeña y triste,

para que pueda formar en mi mente letras desconocidas,

para que de mi boca salga un verbo nuevo,

una expresión más leve, una palabra que atraviese

los mares y las islas,

que resuene en los últimos términos de la tierra.

 

Sí, yo siempre estuve callada y guardé silencio.

 

Pero ahora Tu Voz en mí se expande y multiplica

como voces de mujer que está de parto,

como voces de mujer que está muriendo.

 

Ahora Tu Voz en mí se expande.

 

Cuando pase a través de las aguas del gran Río

no me anegarán sus corrientes.

Cuando salte en medio de las llamas

no me quemaré.

 

El que Es Sin defecto y Grande

me habló a mí, que soy pequeña y triste.

 

 

 

Infancia

 

Desde niña escucho Tu Voz.

 

En el vientre de mi madre escuchaba los aullidos de los ángeles:

aullidos de mi voz que eran mi voz de nuevo aullando.

 

Nunca se ha cortado ese cordón umbilical.

 

 

Carta a Richardis von Stade

Somo como un pétalo que cae de una flor.

Toda persona, de un momento a otro
cede y tiembla.

Como una huérfana
me has abandonado.

 

Carta a Bernardo de Clairvaux

Que la melodía del Padre caiga en tu pecho,

que ese sonido arraigue en tu corazón

y levante tu alma.

 

¿Por qué duermes?

 

¿Por qué  no tomas la resplandeciente gema,

ese diamante ebrio?

 

 

Nacimiento

 

Atada a la carne estoy

y al alma invisible.

 

 

 Retira de mí tus ojos,

que me subyugan. 

 

 

Bestiarum

 

Una única visión viaja en mi cabeza.

 

Mis ojos caen hacia el otro lado del espejo.

 

Veo una sombra que relumbra

y animales que pueblan

el fondo oscuro de la noche.

 

Diego Roel, Vía Lucis, Ediciones Del Dock, Buenos Aires, 2015.

 

 

Hildegard von Bingen, la sibila del Rhin

 

Hildegard von Bingen nació en una familia noble alemana el 16 de septiembre de 1098 en Bermesheim. Al cumplir ocho años sus padres la entregaron como diezmo a la Iglesia. Polifacética, fue abadesa, líder monacal, mística, médica, compositora y poeta. Tuvo visiones desde niña.

En el año 1141 un acontecimiento único irrumpió en su vida. Un gran esplendor del que surgió una voz venida del cielo le dijo: Oh frágil ser humano, ceniza de cenizas y podredumbre de podredumbre: habla y escribe lo que ves y escuchas.

Semejante visión afectó profundamente al núcleo de su ser. En su experiencia el gran esplendor no sólo es visible, también se oye. Como los grandes profetas visionarios, como Jesús, Hildegard von Bingen fue llevada a revelar aquello que permanece oculto, eso que el resto no conoce.

Murió el 17 de septiembre de 1179.

Diego Roel nació en Temperley, Provincia de Buenos Aires, en 1980. Desde hace varios años vive en La Plata. Publicó seis libros de poesía: Padre Tótem / Oscuros umbrales de revelación (Libros de Tierra Firme, 2004, reeditado por Ediciones El Mono Armado en 2013), Diario del insomnio (Libros de Tierra Firme, 2005, reeditado por detodoslosmares en 2013), Cuaderno del desierto (Libros de Tierra Firme, 2007), Las variaciones del mundo (Ediciones El Mono Armado, 2010, reeditado por detodoslosmares en 2014), Los Jardines del Aire (Ediciones El Mono Armado, 2012), y Dice Jonás (Ediciones El Mono Armado, 2015). Actualmente, tiene en imprenta Via Lucis, libro que saldrá con el sello de Ediciones del Dock.

 Fuente: http://lospoetasnovanalcielo.blogspot.com.ar/2015/09/diego-roel.html

Equitación de Héctor Viel Temperley

                                                                           

Después de un añoFoto Viel Temperley p

de viajar desnudo en una bolsa

bajé a la costa y me dormía en Quilmes

oyendo los  ladridos de los ranchos

 

pero él dijo:

“De espaldas sobre el mundo

con esta bayoneta cavé en ellas

En esa misma posición yo quiero

que escuches este informe sin dormirte:

 

“Las obligaba a mantenerse erguidas

y a hablar así mirándome a los ojos

a pesar del  pudor sin derrumbarse

hacia mi cuerpo inmóvil

como amazonas en la silla cómodas

pero estribando demasiado corto

Y al paso al trote o nuevamente al paso

cada vez que el silencio me enfrentaba

o entre nubes de arena divisaba volando

una nueva cometa rasante peligrosa

de una valla a  otra valla las oía

Y las primeras veces que ocultando sus pechos

y sus rostros caían sus cabellos

eran mis manos las que los apartaban

porque al comienzo ellas no se atreven

a tocárselos siquiera

y para hablar sin luz se sirven de ellos

como de las rejillas de los confesionarios

 

“Cada tantos minutos

sus cuerpos rígidos se desplomaban

como ramas hachadas que aunque las contengamos

con los brazos en alto

igual se abrazan a los hombres rasguñándolos

y nos impiden ver el cielo

La primera vez siempre como altísima ola

que una playa muy larga espera en todas partes

Las demás como baldes con hojas que alguien vuelca

siempre en el mismo sitio:

en el espacio libre entre dos cuerpos

y entre espasmo y espasmo

(más o menos seguidos

según se liberarán en ellas las virtudes

del fuego y la obediencia —y que yo iba contando

hasta llegar el último:

oh número final siempre lejano!— )

buscaban a mis ojos con ojos asombrados

agradecidos imperiosos dulces

 

 

“Pero sin esperar una respuesta

volvían a erguirse y a entubiar sus ojos

y nada más que al paso al trote al paso

(porque jamás renuncian y desmontan

pero nunca jamás lanzan tampoco

la memoria al galope)

continuaban hablando avergozándose

cada vez que mentían abreviaban

desfiguraban u ocultaban algo

y yo las descubría y me sentían

como a un freno en la boca tironeándolas

y aumentando su sed que yo apagaba

llevando hasta sus labios con mi mano

el vaso de agua que buscaban al tacto

sin dejar un instante de observarlas

 

“También de rato en rato acariciaba

sus cabellos sus hombros suavemente

masajeaba sus tríceps cuando desfallecientes

apoyaban sus manos en mi pecho

como en una montura donde hay crines pegadas

y así se sostenían sin rigidez cansadas

como si terminaran de quitarles del pecho

a un hijo que no sabe mamar bien todavía

Pero luego de un poco más de charla

ellas solas buscaban el vaso como se hace

para abrir de a caballo una tranquera

y además ordenaban sus cabellos

rápidamente y con la mano en alto

después de cada nuevo espasmo como golpe

de viento en las espaldas despeinándolas

(como después de haber pasado a otro potrero

Y haber cerrado la tranquera)

y sonreían…

 

“Y así de espasmo a espasmo

Iba creciendo un monte pálido:

Nombres hombres caricias

y ellas mismas ya oyéndose y mirándose

como en espejos verticales que ocupaban

todo el espacio en cada historia

Narraciones sin lluvias sin pájaros sin vientos

Tan sólo un cortinado detrás de ellas!

Y el hombre

desaparecía en hombres

y los hombres en pequeños seres

hábilmente elegidos en secreto (sagrados

para ellas pese a todo pero sólo

más allá o más acá

de sus borrosos rostros)

cada uno de ellos en la punta de un hilo

de semen de una red

con araña y sin víctimas

Pluma Rayo Serpiente no decían

por qué Ser  habían sido sometidas

Extraño parque: trozo de manguera

cortada de un hachazo

no unida a una canilla

y ellas igual bebiendo prodigiosas

de ese pico en el aire

un instante un verano entre horizontes…

Y la palabra “amor” nunca usada!

 

 

(De espaldas

como yo sobre la costa

oyendo los ladridos y escuchándolo

de pronto lo veo a él sobre una duna

Veo también a una mujer muy joven

desnuda en un vieja bañera

rodeada de violetas por el agua

bajo un empapelado de violetas

 

 

Y gira lentamente La Traviata

Y amanece amanece amanece…)

 

 

“Y como por la punta

Apoyada en mi pecho

de un embudo rosado gigantesco

caían sus historias

y ninguna palabra de amor necesitaban

para ser más perfectas

Y dentro de ese embudo rosado yo encontraba

pan bañado en alcohol para mis aves

para el tiempo

para los límites del mundo

Por ellas todo desaparecía y flotábamos inmortales

días y días

lejos de las ciudades

aunque odiara a sus almas y a la mía

 

 

“Y ni árboles ni pájaros

ni amor ni lluvias ni caballos ya hacían falta!

Por la última avenida

junto a los depósitos junto al futuro que peligra

más dilatados y más libres que el universo éramos

amándonos después de esas historias

Aunque por ellas

por sus depósitos de huevos olvidados  —andando

por la última avenida abierta hacia la nada —

se precipitaran al mar todas las máscaras

de amor de mis historias de espigones

con amaneceres fríos

con gaviotas hambrientas, apretándose

hombre y mujer enamorados pero ignorantes:

necesitándose sin saber para qué…”

 

—Te llamaré Legión Extranjera  —le dije

 

—Te llamaré  —me dijo —

Aquí-amanece-gris-y-el-viento-trae-violetas

 

Pero ya lo había oído entre las islas

del Paraná Mini un día de la Virgen:

 

Amor te llamo Adiós me abrazo escucho el viento

Que aquí amanece gris y trae violetas

 

Y recordé el gimnasio al qu yo entraba

a la mañana adolescente:

 

Ningún ave ha cruzado esta cadena

Sin plumas y sin sangre los chirridos

La bolsa balanceándose recuerda

Al que partió de Aquí hace un instante

 

 

Aleluya

 

Aleluya

 

Héctor Viel Temperley, Obra Completa, Ediciones Del Dock, Buenos Aires, 2013.

 

 

Radio Moebius

En radio Moebius. 19.10.17El jueves pasado tuve la oportunidad de estar en la radio Moebius juntoa Lidia Rocha y Gerardo Curiá. Leí poesía de Ventana lateral y de al ras, como también unos poemas inéditos. Comparto con ustedes el audio:

Audio desde el sitio arinfo.

 

Algunos poemas que leí:

Pozos ciegos

La salitre verde de ese fondo
mar
habita insondable, son inquietas
figuras entre las cejas y la nariz.

Bajo ese rumiar, con la luz sobre él,
moldeando espesas llanuras
o pueblos remotos, es que
el rostro de papá se cubre de sombras.

El uniforme colgado en el placard,
con sus galones y la vaina,
estancan o inundan
orillas en un pantano.

Son las algas
y las sombras verdes de las algas.
*

Sacar de raíz

La luz es tenue
donde llora o escupe dolor,
aquella mujer. Retuerce
las puntas de su bufanda.

En esta esquina de mi habitación

mi madre
riega las flores de su ventana. Su silencio
retumba, se agudiza levemente
el clamor.

Una barrera en derrumbe
que apenas se sostiene,
estrechar de manos, bordes oxidados,
restos difíciles de tirar o quemar.

Ventana lateral, editorial Huesos de Jibia, Buenos Aires, 2010.

 

sólo eso

tal vez sea lo interior que persiste del cuadro

del destierro como un lugar dentro de esa sombra

a la derecha

y es más que un rincón negro  bordeando la cornisa

es una masa extendida      cubierta

a nuestro lado     todo el tiempo

eso que permanece oculto en la foto bajo la negritud

no lo conocemos      tal vez sólo intuimos

superficies     cubos infantiles con distintas formas  que inundan

calles abiertas detrás del paredón     materias en juego

nos arriman mientras corremos con la paleta

nos perdemos así bajo el rayo del mediodía que calcina en otoño

y permanecemos enterrados en ese indefinido umbral de luz

*

queman esta mañana

sus halos luminosos cubren desiertos

cuentas de colores como un arco iris entre mis dedos

violáceos o amarillentos

 

                             entre estos restos rocié mi potus:

                 pero de repente olvidé mi nombre

           abandoné mi casa

                abandoné este patiecito lleno de jazmines:

 las margaritas están asfixiadas de polvo

mi pelo está velado entre las sábanas

  ―quema esta mañana―

 los cantos se sacuden

las piedras arden en mis palmas

y el reflejo impregna un poco el aire

al ras, ediciones La Biblioteca, colección miliuna, Buenos Aires, 2013.

*

Apenas sostenida de la pupa la vimos desplegarse,

el naranja y el negro se fundieron en una ráfaga.

Somos gigantes para las mariposas, me dijo

y sonrió mostrando los dientes:

aún unos cuantos estaban por salir.

Seguimos caminando por aquellos montes

entre las flores amarillas,

rojas y las hierbas.

El día era hermoso, de pronto

nos sentimos hermanadas

por alguna dicha del sol y de Dios.

Inédito, 2017.

La música tiene su historia que contar

Intento expresar verbalmente algo que propiamente sólo se puede comunicar de modo no verbal, así se refiere a su poesía el poeta John Ashbery en una entrevista al diario El País.

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Foto: Wikimedia.org

En otro fragmento de la poesía habla sobre “entender la poesía”:

P. ¿Qué piensa cuando le dicen de un poema suyo: “Es hermoso, pero no lo entiendo”?

R. Si les parece que es hermoso, ¿qué más puedo pedir? Para mí es suficiente. Sinceramente, no entiendo eso de “entender” la poesía. Cuando afronto un poema por primera vez lo que cuenta es el sentimiento, el goce estético, si está bien hecho. Una sola lectura no me permite pronunciarme sobre la cuestión de lo que significa. Y siempre, al releerlo compruebo que todo está ahí, aunque no se manifestara en mi primer contacto gozoso con el texto.

Para leer la entrevista completa hacer clic acá.