De dioses y hombres – Carta de un monje

 

 

Cuando un A-Dios se vislumbra…
Si me sucediera un día –y ese día podría ser hoy– ser víctima del terrorismo que parece querer abarcar en este momento a todos los extranjeros que viven en Argelia, yo quisiera que mi comunidad, mi Iglesia, mi familia, recuerden que mi vida estaba ENTREGADA a Dios y a este país.
Que ellos acepten que el Único Maestro de toda vida no podría permanecer ajeno a esta partida brutal.
Que recen por mí.
¿Cómo podría yo ser hallado digno de tal ofrenda?
Que sepan asociar esta muerte a tantas otras tan violentas y abandonadas en la indiferencia del anonimato.
Mi vida no tiene más valor que otra vida. Tampoco tiene menos. En todo caso, no tiene la inocencia de la infancia.
He vivido bastante como para saberme cómplice del mal que parece, desgraciadamente, prevalecer en el mundo, inclusive del que podría golpearme ciegamente.
Desearía, llegado el momento, tener ese instante de lucidez que me permita pedir el perdón de Dios y el de mis hermanos los hombres, y perdonar, al mismo tiempo, de todo corazón, a quien me hubiera herido. (…)

Carta del monje Christian de la comunidad Tibherine, extraído de http://wwwespiritualidadcisterciense.blogspot.com.ar/2009/10/el-testamento-del-padre-christian-de.html

“La naturaleza del agua es blanda”

Estos son días tristes, de despedida de un amigo y un hombre de fe muy querido. Quería compartir estos textos que lo traen nuevamente a mi memoria.

 

neuwen desiertoH. Nouwen y Y. Nomura, La sabiduría del desierto, Ed. Claretiana, Buenos Aires, 2002.

 

 

 

Salmo 103: Dios es amor

 

Bendice a Yahveh, alma mía,

del fondo de mi ser, su santo nombre,

bendice a Yahveh, alma mía,

no olvides sus muchos beneficios.

 

Él, que todas tus culpas perdona,

que cura todas tus dolencias,

rescata tu vida de la fosa,

te corona de amor y de ternura,

satura de bienes tu existencia,

mientras tu juventud se renueva como el águila.

 

Yahveh, el que hace obras de justicia,

y otorga el derecho a todos los oprimidos,

manifestó sus caminos a Moisés,

a los hijos de Israel sus hazañas.

 

Clemente y compasivo es Yahveh,

tardo a la cólera y lleno de amor;

no se querella eternamente

ni para siempre guarda su rencor;

no nos trata según nuestros pecados

ni nos paga conforme a nuestras culpas.

 

Como se alzan los cielos por encima de la tierra,

así de grande es su amor para quienes le temen;

tan lejos como está el oriente del ocaso

aleja de nosotros nuestras rebeldías.

 

Cual la ternura de un padre para con sus hijos,

así de tierno es Yahveh para quienes le temen;

que él sabe de qué estamos plasmados,

se acuerda de que somos polvo.

 

¡El hombre! Como la hierba son sus días,

como la flor del campo, así florece;

pasa por él un soplo, y ya no existe,

ni el lugar donde estuvo vuelve a conocerle.

 

Mas el amor de Yahveh desde siempre hasta siempre

para los que le temen,

y su justicia para los hijos de sus hijos,

para aquellos que guardan su alianza,

y se acuerdan de cumplir sus mandatos.

 

Yahveh en los cielos asentó su trono,

y su soberanía en todo señorea.

Bendecid a Yahveh, ángeles suyos,

héroes potentes, ejecutores de sus órdenes,

en cuanto oís la voz de su palabra.

 

Bendecid a Yahveh, todas sus huestes,

servidores suyos, ejecutores de su voluntad.

Bendecid a Yahveh, todas sus obras,

en todos los lugares de su imperio.

 

¡Bendice a Yahveh, alma mía!

 

Biblia de Jerusalén

La grandeza de Dios

 

El mundo está cargado de la grandeza de Dios.
Flamea de pronto, como relumbre de oropel  sacudido;
Se congrega en magnitud, como el légamo de aceite
Aplastado. ¿Por qué pues los hombres no acatan su vara?
Generaciones han ido pisando, pisando, pisando;
Y todo lo agosta el comercio; lo ofusca, lo ensucia  el afán;
Y lleva la mancha del hombre y comparte del
    hombre el olor: el suelo
Se halla desnudo, ni el pie, calzado, puede ya sentir.

 

Y con todo esto, natura nunca se agota;
Vive en lo hondo de las cosas la frescura más amada;
Y aunque las últimas luces del negro occidente partieron,
Oh, la mañana, en el pardo borde oriental, mana;
Pues el Espíritu Santo sobre el corvado
Mundo cavila con cálido pecho y con ¡ah! vívidas  alas.

1877.

 

Gerard Manley Hopkins, trad. Juan Tovar, Univ. C. de México, 2008.

imageCreada casi en secreto durante el último periodo victoriano, la obra de Gerard Manley Hopkins —una de las más intensas y originales de la poesía inglesa— no se editó sino hasta 1918, en un mundo sin duda mejor preparado para concebir tanto sus búsquedas formales (su experimentación rítmica hizo escuela), como su angustia y desesperada alegría. Hopkins presintió en carne viva la desintegración de un orden de cosas y, anticipándose a ella, violentó las convenciones por explorar el entrevero profundo de voluntad y naturaleza, verbo y encarnación, y revelar en nuevas formas la permanencia esencial de la vida. Es un poeta de la dualidad que no busca trascenderla sino armonizarla, y de hecho no supone otra unidad que esa armonía; un poeta religioso cuyo Dios sólo a los sentidos se manifiesta.

Seguir leyendo en http://www.materialdelectura.unam.mx/index.php?option=com_content&task=view&id=73&Itemid=1&limit=1&limitstart=1

Primavera de Anunciación

Qué mejor que empezar la primavera con este canto de amor y alegría:

Yo soy el narciso de Sarón

y el lirio de los valles.

Como lirio entre los cardos,

así es mi amada entre las jóvenes.

Como manzano entre los arbustos,

así es mi amado entre los jóvenes.

Estoy sentada a su sombra deseada

y su fruto me es dulce al paladar.

Me llevó a una bodega de vino:

su divisa de amor estaba encima de mí.

Pásenme pasteles de pasas.

Reanímenme con manzanas,

porque estoy enferma de amor.

Su izquierda se desliza bajo mi cabeza,

y su derecha me abraza.

Hijas de Jerusalén, yo les ruego

por las gacelas y las cabras del campo

que no despierten ni molesten al Amor

hasta cuando ella quiera.

ELLA:

¡La voz de mi amado!

Miren cómo viene saltando por los montes,

brincando por los cerros, mi amado,

como una gacela o un cabrito.

Ahora se detiene detrás de nuestra cerca,

y se pone a mirar por las ventanas,

a espiar por las rejas.

Mi amado empieza a hablar

y me dice:

FotoFlexer_PhotoLirio

EL:

Levántate, compañera mía,

hermosa mía,

y ven por acá, paloma mía.

Acaba de pasar el invierno,

y las lluvias ya han cesado y se han ido.

Han aparecido las flores en la tierra,

ha llegado el tiempo de las canciones,

se oye el arrullo de la tórtola

en nuestra tierra.

Las higueras echan sus brotes

y las viñas nuevas exhalan su olor.

Levántate, amada mía, hermosa mía, y ven.

Paloma mía, que te escondes

en las grietas de las rocas,

en apartados riscos,

muéstrame tu rostro, déjame oír tu voz,

porque tu voz es dulce

y amoroso tu semblante.

El Cantar de los Cantares, cap. 2, 1-14.

El cantar es un poema que trata del encuentro amoroso entre el Amado y la Amada. Este canto de bodas es también el canto del amor de Dios con su pueblo.

La Oración De Cristo

¿QUE ES ORAR? ¿COMO ORAR?Es un apunte de verano para el blog, para salir del silencio y restaurar la comunicación. Esta vez el tema es la oración, ¿qué es orar? La oración es como un poema que recita el amante al amado, un canto del corazón que puede ser alabanza y contento por el otro, porque existe y está ahí, por ser lo que es y por lo que significa.

En la oración a Dios ocurre como en la vida misma, tras la noche larga amanece siempre el día luminoso, hay silencio o largo monólogo, pero también escucha y emoción, fiesta y alegría, caricia y descanso, a veces inquietud y desespero.

Orar es una manera privilegiada de vivir la fe, de vivirla enamoradamente, porque la norma judía expresa así la principal obligación que tiene el creyente:

‘Amarás al Señor tu Dios con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu corazón’

nicodemo 21-07-2008 GTM -5 @ 13:33
http://nicodemo.nireblog.com

El Magnificat (Lc 1, 46-55)

El bello cántico de la virgen María: Alegría del alma en el Señor

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.