Infancias

Nos alejábamos de la infancia; la leche

tibia de antes se había cortado

para siempre y ahora sólo

quedaba el sabor de las lágrimas,

del sudor, de la sangre derramada sobre

la que era

imposible llorar. Es nuestra historia

sagrada, con sus trofeos temblorosos

con sus varas macilentas y tiesas. Después

fue el verdadero fin de la niñez, y hubo

paz en los cementerios, y una racha

de luz iluminó

las garganta cegadas

por el horror de tantos cambios y tanto

crecimiento para el desastre.

Había entonces un aire donde nadar, un barro,

donde hundirse en paz, tropezando

en pleno vuelo con un ave del agua; ella

apenas toca con el hocico

nuestro flanco asustado, muerto de escamas,

sensible en la corriente fuerte

de los remansos que giraban

con nuestro tiempo, que estallaban

con nuestros objetivos. Lo rodean

tácticamente, desmenuzaron una estrategia.

La vida fácil alborota

el corazón irresponsable todavía

para amar de otra manera; no tiene

presente los riesgos

que lo rodeaban. Apenas

puede dejarse querer un poco: corazón

simple, pretendiendo abrir

el destino, la carne

de la patria; corazón fracasado,

impotente, débil

ante la fuerza

de los que han fabricado

la tierra y las piedras

y el aire que pisamos, el viento

que nos hace tambalear, dudando

como el estallido de una bomba

sobre el Japón, sobre

todo lo que brillaba, lo que crecía

para el amor o para sus escombros.

Paco Urondo, Adolecer (fragmento) en Obra poética, Adriana Hidalgo editora, Buenos Aires, 2007.

Podemos escuchar otro fragmento de este hermoso libro-poema leído por Cristina Banegas en el documental La palabra justa.

hasta mis huesos …–Juan Manuel Inchauspe

Lentitud

Un hilo de luz se filtra
hasta mi cuarto, rompiendo el vacío
[El] silencio muere
en el palpitar de mi cuerpo
y tras la puerta cerrada, se extiende
oculto el norte
-eterno en mi memoria-
Las sombras informales se aplastan sobre
las cosas
y la mía se rompe bajo una biblioteca
los libros sabios y apretados
me dan la espalda
Yo, desde mi espacio
oigo los pasos de mi madre
lentos, perdidos
entre las muecas de la casa

 

—————

 

 

He dejado, inmóvil
que la noche se pronuncie
[l]enta, hasta mis huesos
y ya extraño sin comprender
nada
siento cómo los misterios
se hacen carne

 

J. M. Inchauspe en blog http://huellasenlacienaga.blogspot.com.ar/2013/05/juan-manuel-inchauspe-el-silencio.html?spref=fb

más américas: Eduardo Chirinos

LA SOLITUDINE
“ESTOY TRISTE, y hace un día tan hermoso”.
Leo una vez más el poema de Saba. El invierno

en sus ojos se hace primavera: el canto
de los pájaros inquieta la nieve, la franja
de sol que agradecen mis ojos.

No sé si hoy debería entristecerme, pero

sólo en mi corazón hay lluvia. ¿Por qué
escribo la palabra corazón? Yo nunca

he escrito la palabra corazón. Debo
escribirla, sin embargo. En nombre
del amor que no es perfecto, en nombre

del amor que pasa por las calles y se va
sin importarle si el día es hermoso. O no.

 

EDUARDO CHIRINOS (Lima, 1960) es autor de los siguientes libros de poesía: Cuadernos de Horacio Morell (Lima, 1981, reeditado en 2006); Crónicas de un ocioso (Lima, 1983); Archivo de huellas digitales (Lima, 1985); Rituales del conocimiento y del sueño (Madrid, 1987); El libro de los encuentros (Lima, 1988); Recuerda, Cuerpo… (Madrid, 1991); El Equilibrista de Bayard Street (Lima, 1998), Abecedario del Agua (Valencia, 2000); Breve historia de la música (Premio Casa de América de Poesía, Madrid, 2001); Escrito en Missoula (Valencia, 2003); No tengo ruiseñores en el dedo (Valencia, 2006) . En 1999 la editorial sevillana Renacimiento publicó una selección antológica de sus poemas bajo el título Naufragio de los días (1978-1998). En el 2003 la Editorial Filodecaballos de Guadalajara (México) publicó su antología personal Derrota del otoño.

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